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martes, 7 de noviembre de 2017

La matanza en la iglesia bautista de Texas no fue por motivos raciales, religiosos ni políticos


La Policía ha descartado que la matanza en una iglesia bautista de Sutherland Springs (Texas, EE UU) se debiera a motivos raciales, religiosos o terroristas, y atribuyó la acción del tirador a causas personales.



El asesino, Devin Kelley, de 26 años de edad, estuvo involucrado en una disputa doméstica en 2014 con la familia de Danielle Shields, su segunda esposa, y la situación recrudeció, según funcionarios y registros públicos.

Freeman Martin, director regional del Departamento de Seguridad Pública (DPS), confirmó que la suegra de Kelley era feligresa de la iglesia bautista y que el criminal habría proferido una serie de amenazas hacia la mujer por motivos que el funcionario dijo no poder detallar aún:

«No contemplamos que la acción de ayer se deba a motivos raciales o religiosos; sí podemos decirles que había una serie de problemas domésticos en su familia».

Sin embargo, los familiares de Shields no estaban en la iglesia en el momento en que se produjo el ataque, pese a que solían frecuentarla de vez en cuando. El propio Kelley iba a veces a este templo, según ha revelado el senador Ted Cruz.


Según las investigaciones policiales, el asesino, que perpetró la masacre vestido con un chaleco antibalas, mató a dos personas fuera de la parroquia y a 23 dentro del recinto, y un niño murió víctima de las heridas en un centro médico local poco después del ataque.

Un vecino, convertido en héroe

Devin Kelley recibió impactos de bala en la pierna y en el torso disparados por un vecino, convertido ahora en héroe, que se enfrentó con él después de escuchar los tiros desde su casa, según explicó Freeman Martin.

A pesar de que en primera instancia las autoridades dudaron de si el asesino se suicidó o murió a causa de los disparos del vecino, identificado como Stephen Willeford, la autopsia reveló este lunes que el tiro que él mismo se descerrajó en la cabeza fue el mortal. El asesino se suicidó tras escapar de la zona del tiroteo y ser perseguido por carretera durante varios minutos por Willeford y otro vecino —Johnnie Langendorff—, que estaba cerca de la iglesia y vio el altercado.


Martin desveló también que los investigadores han recogido de la escena del crimen centenares de balas y quince cartuchos con rondas de treinta proyectiles cada una, lo que corrobora la violencia del peor tiroteo en la historia de Texas.



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